5 escalofriantes historias de terror cortas

1.-El Secreto de mamá

—Mi mamá me dijo que nunca debo bajar al sótano, pero hoy quería saber que es lo que estaba haciendo esos ruidos extraños allí abajo. En cierto modo sonaba como un pequeño cachorro y yo quería ver el perrito.
Entonces mi mamá me tomo del brazo, y me tiro fuera del sótano, me grito agresivamente y me dijo

— “!TE DIJE QUE NO INTENTARAS BAJAR AL SÓTANO¡”

—,Mamá nunca me había gritado así antes. Me puse triste , llore, pero entonces mi mama me hizo prometerle que nunca mas iba entrar al sótano y me dio una galleta, eso me hizo sentirme mejor. Asi que decidí preguntarle

— “Mamá ¿Porque el niño estaba atado en el sótano y no tenia pies ni manos?”…

2-Después de la muerte

El dolor que yo sentia se acabó pronto. Me levanté y traté de encontrar mi cuerpo; probablemente yacía destrozado bajo los despojos metálicos. Morir en un accidente vial es, en definitiva, una de las peores maneras de irte.

—¿Y bien? ¿Tuviste una vida buena? —me preguntó una voz detrás de mí.

Me giré para encontrar a una mujer sonriente. Como ella me podía ver, estaba bastante seguro de que era un espíritu al igual que yo.

Se rió por lo bajo.

—Te lo estás tomando bastante bien. Soy Belen , por cierto.

Hablé con firmeza:

—¿Qué pasa ahora? ¿Cielo? ¿Infierno?

Rió más sonoramente.

Antes de que pudiera decir algo, escuché una conmoción en la lejanía.

—¡Vamos! —gritó Belen, y corrió.

Se giró hacia mí y exclamó:

—¿Has sido bueno?

—¿Cómo?

—¿Fuiste bueno mientras estabas vivo?

Totalmente confundido, farfullé:

—Do… Doné sangre una vez.

En tanto nos acercábamos a la fuente del ruido, me dejó pasmado el encontrar a cientos de personas forcejeando entre sí ante un hospital.

—¡¿Pero qué está pasando aquí?! —voceé.

—Alguien está dando a luz aquí. Estas almas están peleando para entrar en el cascarón del recién nacido.

—Pero, el bebé…

—Escúchame. No hay ningún bebé hasta que un alma lo penetra. Si ninguna alma logra llegar adentro, el cascarón es pronunciado muerto por los doctores —sin hacer mayor pausa, continuó—: Tu fuerza al momento de luchar depende de tu Karma. Así que el alma de un violador, un pedófilo… ellos no tienen ninguna ventaja. Nunca conseguirán un caparazón y se marchitarán dolorosamente.

»Los niños son los más peligrosos. Almas puras. No te acerques a ellos durante la riña.

—Pero, ¿y qué hay del Cielo? ¿Del Infierno?

—¡ESTO es el Infierno! Y, lo que es más importante: la vida que has dejado atrás… eso es el Cielo.

 

3.-Una nueva vida

 

Había sido un largo día de invierno, estaba decidida a ver la TV hasta dormir. Debido al clima, nuestro sistema de cable tenía muchas interferencias, así que decidí ver un canal local. No había nada interesante, solo noticias, pero una en especial llamó la atención de mis padres, y la mía también. Al ver la primera imagen, mis ojos se llenaron de lágrimas instantáneamente.

En nuestra ciudad, las calles se congelan debido a las bajas temperaturas. Los accidentes de tráfico abundan aquí, ya era algo habitual, pero… las cosas cambian cuando es un ser querido quien está bajo los escombros.

Comenzó a llover, a montones, mientras escuchábamos el reportaje y las lágrimas comenzaban a caer.

Según el reportero, en la tarde, hubo un accidente en la avenida principal. Reconocí esa motocicleta, era la de mi hermano Daniel. Él se había peleado con mis padres esa tarde, así que salió de la casa, se subió a su motocicleta y arrancó, a toda velocidad.

Tuve un mal presentimiento, pero no le di importancia, ellos siempre peleaban.

Entonces, el teléfono sonó; mis padres lo cogieron rápidamente. Era la policía llamando para que fueran a recoger el cuerpo de mi hermano, quien tuvo un horrible accidente por ir a exceso de velocidad. Comencé a llorar, no podía parar, el dolor me carcomía viva. Quería ir con ellos, pero ellos me dijeron que no. Que no estaba preparada para algo así.

Me quedé sola. No podía con el dolor: mi hermano, la única persona a la que podía contarle todo, mi confidente, mi protector, ahora estaba… muerto. Subí a mi cuarto, comencé a ver nuestras fotos; vaya manera de torturarme, pero, a pesar de todo, sentía alivio de alguna forma. Verlo a él, sonriente, cargándome en su espalda como siempre lo hacía, me hacía pensar que, en donde sea que estuviera, se fue con buenos recuerdos, a pesar de la pelea. Sus peleas con mamá eran algo recurrente, siempre peleaban. Él siempre se iba, a toda velocidad, y regresaba al anochecer. Era su forma de bajar su enojo, le encantaba la velocidad. Mi mamá aprovechaba esos ratos libres para escribir, eso la ayudaba. Cuando era de noche y ambos se reencontraba, se abrazaban y se disculpaban. Tristemente, hoy no fue así; pero yo lo sé, si esto no hubiera sucedido, ese abrazo, esa disculpa, todo habría tenido lugar esta noche, y él lo sabía.

Dieron las dos de la mañana y mis padres no regresaban, yo estaba muy preocupada. Mi corazón se aceleraba y mis lágrimas no paraban de salir cada vez que pensaba en lo acontecido. Intentaba calmarme, intentaba dormir. «¿Y si todo es un sueño?», pensé, pero era la realidad. Mis pensamientos me comían viva. Intentaba relajarme, el lugar del accidente no estaba tan cerca. «Quizá por eso tardan tanto, hay que cruzar esa horrible carretera para llegar a la avenida principal», pensé. Cuando miré el reloj nuevamente, ya eran las 2:30 a.m., y justo en medio del silencio, el timbre sonó.

Bajé corriendo, pues afuera llovía, parecía un diluvio.

Tropecé mientras bajaba las escaleras; a veces solía ser muy torpe. Pero me levanté, sin dolor alguno, y seguí corriendo hasta la puerta.

Cuando la abrí, mi sorpresa fue enorme. No sabía qué decir, ni qué hacer; estaba en shock.

—¿Ma… Mamá? ¿Papá? ¿Daniel? ¿Qué sucedió? —pregunté. Estaba sorprendida, pero ellos no respondieron, solo se quedaron allí, inmóviles—. ¿Dany? ¿Estás bien?

—Sí, hermanita. Tranquila, todo está bien —respondió. Su voz se escuchaba más serena, muy diferente.

—¿Papá? ¿Có… Cómo…? —tartamudeaba. Estaba nerviosa, confundida.

—Estaba tendido en el pavimento, tuvimos suerte de poder traerlo —respondió mi padre. Todo se estaba tornando muy extraño.

—Ya basta de preguntas, cariño, es hora de irnos, hemos venido hasta aquí por ti. Estaremos de nuevo todos juntos, en familia, sé que nos has estado esperando —dijo mi madre. No entendía nada.

—¡¿De qué están hablando?! —grité, al mismo tiempo en el que la TV se encendió.

Estaban transmitiendo una noticia, otro accidente más. El reportero decía que hubo un terrible accidente en la congelada Carretera 86. Un tráiler perdió el control y se estrelló contra una Toyota Highlander que iba en exceso de velocidad. Las dos personas que iban en la Toyota perdieron la vida, mientras que el conductor del tráiler resultó con heridas menores. Las víctimas fueron identificadas como Harold y Katherine Robertson. La cara del reportero cambió, cuando por radio le dijeron que ellos eran los padres de Daniel Robertson, otra persona que había muerto por un accidente de tráfico esa misma tarde. En ese momento pude entenderlo casi todo.

—¿Ustedes están muertos? —fue lo único que logré decir.

—Así es, Jes. Ahora es tiempo de irnos, hay mucho por recorrer, hermanita —dijo Daniel. Quería llorar, pero las lágrimas no salían.

—¡Yo no quiero morir todavía! —grité. Estaba muy asustada.

—Cariño, no te llevaríamos si no estuvieras muerta todavía —respondió mi madre, al mismo tiempo que señalaba a las escaleras.

Volteé, y todo comenzaba a tomar sentido. Estaba allí, tendida en el suelo. Mi cabeza estaba abierta, sangrando, en el filo del último escalón. No pude soltar ni una palabra, tampoco pude llorar, realmente no podía sentir nada. Mi cuerpo estaba a unos metros de mí. Pálido, sin moverse; era una pesadilla. Después de eso, mi madre me dijo que era hora de irnos. Mi hermano hizo lo de siempre, se dio la vuelta y yo me subí a su espalda. Pude ver la felicidad en su rostro, pues estábamos todos juntos de nuevo, listos para vivir una nueva vida

 

4.-La pulsera negro

En los Estados Unidos y muchas otras partes del mundo, cada vez que ingresa en un hospital, se obtiene una pulsera blanca con su nombre, por lo que puede ser identificado. Sin embargo, hay otros colores de pulsera, que significan otras cosas. Por ejemplo, las pulseras negras se colocan en las muñecas de las personas que acaba de morir …

Un cirujano que trabajaba el turno de noche acababa de terminar una cirugía en un hospital y se dirigía al sótano. Se metió en el elevador y que había otra mujer con el. Casualmente se puso a hablar con la mujer acerca de cosas al azar, mientras que el ascensor descendió. La puerta del elevador se abrió y vio a otra mujer a punto de entrar, entonces el doctor de manera precipitada apretó el botón para cerrar la puerta, y presiono rápidamente el botón hasta el piso mas alto.

Sorprendida, la mujer regaño por ser tan grosero al no dejar subir a  la otra mujer en su interior.

El médico dijo: -Es… Esa es la mujer que acaba de operar . Murió durante la operación … ¿No viste la pulsera negro que llevaba puesto?

La mujer sonrió, levantó su mano y dijo: – Una pulsera como ésta?

 

 

5.-4.03

Eran las 4:03 de la madrugada y me desperté gritando. Fue un sueño.

En mi sueño, vi a todo aquel que conozco o amo ser asesinado por una criatura. Su cuerpo era de baja estatura aunque voluminoso, con largos brazos delgados que terminaban en garras similares a espadas. Sus ojos eran aberturas que despedían un rojo vibrante en la oscuridad, y exhibía hileras de dientes afinados como cuernos.

Me observaba antes de aniquilar a mis allegados, y reía cada vez que los mutilaba blandiendo sus garras.

¿Y cómo nos había encontrado? Me engañó para que lo dejara entrar a mi habitación imitando la voz de mi papá. No podía entrar sin que se le concediera el permiso, me dijo esto cuando estrujó el corazón de mi mamá. El sueño acabó con la criatura produciendo su cacareo burlesco y moviéndose lentamente hacia mí, raspando el suelo con sus garras. Yo grité y me levanté. Estaba en mi dormitorio, a salvo una vez más.

4:03, escuché que llamaban a mi puerta. Me congelé al instante.

—Tomás, oí que gritaste. ¿Te encuentras bien? —escuché decir a mi mamá. Qué alivio, mi mamá había llegado.

—No pasa nada, solo tuve una pesadilla —contesté en tanto el sosiego me inundaba.

—Está bien, cariño. Te traje un vaso con agua. ¿Lo quieres?

—Sí, entra.

Cuando esas palabras abandonaron mis labios, recordé que era septiembre, y que me había mudado devuelta a los dormitorios de la universidad hace dos semanas.

 

 

 

Espero y les haya gustado estas escalofriantes historias de terror, compartlo con tus amigos si les gusto y si les interesaria que subieramos una segunda parte…

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